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viernes, 28 de diciembre de 2012

LAS BECERRADAS DE ALGEMESÍ

Todos los años el 28 de diciembre conmemoramos toda la cristiandad el Día de los Santos Inocentes, ocasión aprovechada por la Iglesia para recordarnos la matanza de todos los niños menores de dos años ordenada por el rey Herodes. Pero para la católica España no es suficiente con disfrutar en esa fecha de una jornada festiva, que se celebra en todo el territorio nacional con la divertida costumbre de gastar bromas, conocidas comúnmente como inocentadas.

Sino que algunos rincones de la geografía de nuestro país necesitan adelantarse, poniendo en práctica las más crueles inocentadas con las victimas más ingenuas e inofensivas que existen criaturas bovinas que como algunos incultos deben pensar no viene del castellano bobo sino del latín bos que significa buey o vaca.

Como vemos no encontramos ninguna razón etimológica en el nombre de la especie, que justifique que anualmente becerros, o lo que es lo mismo, terneros de hasta uno o dos años sean masacrados salvajemente convirtiéndose anualmente en los nuevos Santos Inocentes. Mártires de la impía brutalidad padecida por los seres sufrientes no humanos provocada por sus hermanos animales, que supuestamente si lo son, asociada a las fiestas patronales. Festividades y solemnidades religiosas entorno a las cuales más piedad deberían manifestar los auténticos devotos con todas las criaturas, que componen la creación, que para los creyentes es obra sagrada de Dios.

Pero incomprensiblemente la época de los doce meses del calendario, que más desprotegidos se encuentran es aquella en la que más amparados se deberían sentir contra la barbarie irreflexiva, que ha convertido nuestros festejos populares en honor de algún santo patrón o patrona, a los que recordamos como ejemplo de vida, en unas jornadas consagradas al sacrificio y muerte.

Como sucede en un municipio de la comunidad valenciana, poseedor de un rico patrimonio histórico-artístico, atesorado a lo largo de los siglos, conocido como Algemesí, que prosigue obstinado en hundirse en el desprestigio. Localidad, que ha logrado hacerse mundialmente impopular por preservar una tradición consistente en inmolar durante su semana taurina a casi medio centenar de animales entre becerros, erales y novillos. Holocausto sangriento de dimensiones apocalípticas, que refleja un sadismo impropio de seres, que se consideran y se llaman así mismos humanos y que demuestra que el hombre en su progresivo endiosamiento ha llegado hasta el extremo de autoconcederse el título de amo y señor del resto de seres vivos que habitan la Tierra con la potestad para decidir sobre su presente y futuro.

Ritual macabro cuyas proporciones recuerdan a los sacrificio masivos ofrecidos por pueblos paganos, a los que los antiguos griegos llamaban hecatombe, que literalmente se traduce como cien bueyes, haciendo alusión al numero de víctimas inmoladas en una misma ofrenda sagrada. Sin embargo el mayor número de animales inmolados en una misma oblación registrado del que se tiene noticia aparece en la Odisea, en la que se nos habla de la degollación de ochenta y un bueyes y en segundo lugar en cuanto a importancia encontramos una matanza de cincuenta carneros en la Iliada. Relatos en los que se mezcla realidad y leyenda y cuyos hechos épicos narrados, contrastados con otros historiadores del periodo antiguo han sido datados como acontecidos hace algo más de tres mil años. Por esta razón lo más probable es que se trate en ambos caso de una hipérbole, o lo que es lo mismo de un recurso literario utilizado por el autor, el excelso poeta Homero consistente en la exageración para enfatizar partes de la epopeya contada.

Pero lo que no es una fantasía fruto del perverso genio creador de ningún escritor sino que resulta una dolorosa verdad arraigada a través de las centurias en la España, que se aferra a sus bárbaras costumbres, negándose a evolucionar, es la existencia de una serie de festejos taurinos, que continúan constituyendo el eje central de infinidad de fiestas locales, autenticas hecatombes de nuestro tiempo, en las que si se sacrifica físicamente a casi medio centenar de seres vivos. Realidad, que pone en evidencia, que después de más de treinta siglos no sólo no hemos progresado, sino que hemos involucionado; ya que hemos superado en trato vejatorio y crueldad humana, en cuanto nuestra relación con el resto de animales, a civilizaciones supuestamente más primitivas que la actual cultura hispánica. No debemos olvidar que, volviendo al caso de la Grecia Antigua como referente y base indiscutible de la civilización occidental y de la que la tradición cultural de nuestro país es heredera, que en los sacrificios consagrados por los helenos en el culto a las deidades, Apolo, protector de las manadas y rebaños, que era una de las divinidades, que gozaba de mayor veneración, incluso en sus celebraciones más nombradas nunca recibió un tributo mayor de diez bueyes y diez corderos matados en su honor.

Practicas religiosas, realizadas en un contexto social formado por ciudadanos provistos de una sensibilidad innata, fomentada por la concepción de los animales no humanos como benefactores, por ser dóciles servidores de los dioses, de los héroes y del común de los mortales, ya sea como intérpretes de la voluntad de los primeros, o como guías de hombres y héroes, iluminando su camino y mostrándoles la manera de cumplir su misión.

Nuestra sociedad occidental moderna debería, al igual que tiene las puertas de su entendimiento inteligente abiertas a cualquier otro tipo de vasto y profundo conocimiento, admirado y aprendido, procedente del elevado nivel de erudición conseguido por nuestros antepasados grecolatinos, asumir como virtud propia la alta valoración gozada en la Grecia Clásica por sus fieles e inseparables compañeros. Acompañantes de naturaleza animal humanizados hasta tal extremo, que algunos llegaron a alcanzar la categoría de mitos por sí mismos. Compañía sin la cual los precursores de nuestra realidad cultural actual, no sólo no hubieran podido realizar el duro trabajo diario sino que tampoco hubieran podido llevar a cabo sus grandes hazañas bélicas y por su puesto ni mucho menos imaginar sus inmortales gestas y prodigios mitológicos.

Teniendo en cuenta este contexto sociocultural, en el que tan relevante papel era jugado por los animales no humanos para los que si verdaderamente lo eran en su trato cotidiano con ellos, resulta fácilmente comprensible que carentes de un sadismo irrespetuoso con la dignidad de los seres sintientes, los sacrificios rituales, como manifestación y búsqueda del favor y la comunión con los dioses del panteón olímpico, eran realizados de la forma menos incruenta a su alcance, intentando reducir al mínimo posible el padecimiento animal. Misión encargada a un especialista en la materia, el ''boutopos'', traducido como el degollador de bueyes, cuyo oficio consistía en abatir al animal ofrendado por el sacrificante, golpeándole con el hacha en la frente. Inicio del proceso de muerte ritual que culminaba con la segunda y ultima fase, el degollamiento. 

Como vemos, el sufrimiento animal, para nuestros ilustres antecesores de mente lúcida de la Antigüedad Clásica, nunca fue un fin en sí mismo ni un medio para alcanzar una finalidad determinada, como el caso que queremos denunciar públicamente como es el de la Semana Taurina de Algemesí. Semana trágica de avergonzante y doloroso recuerdo, cuya cuenta atrás iniciamos y que por tanto en breve tendremos la desgracia de volver a revivir del 21 al 30 del presente mes. Periodo infame, en el que el cenit lo constituyen dos becerradas, cruel y sangrienta diversión camuflada de costumbre tradicional, en la que un grupo de mozos del pueblo compiten para ver quien se hace merecedor del título de Cromañón del año. Mención honorífica otorgada a aquel que demuestre mayor capacidad de ensañamiento torturador y sadismo con aquellas criaturas, que siendo las más indefensas, mayor ternura e instinto de protección y conservación deberían despertar en cualquier sujeto, que disfrute de un mínimo nivel de sensibilidad y humanidad. Cualidades, que son las dos condiciones fundamentales para superar el grado de simple individuo representante de la más degradante irracionalidad de la especie humana, dominado por las más bajas y destructivas pasiones; a persona que transciende de ese estrato básico para libremente tomar consciencia y disfrutar, desde su inteligencia emocional y sensitiva, de su posición privilegiada de protector creativo de todo su entorno natural.

Estas "Becerradas Cadafaleras" celebradas durante las fiestas patronales, se incluyen dentro de un programa calificado como taurino, catalogación, que respecto a este espectáculo produce incluso la ira y la repulsa de aquellos que son expertos en transformar las plazas de toros en auténticos mataderos sin ningún tipo de escrúpulos. Esta actitud nos da una idea de lo insufrible y lo insoportable que resulta la visión de esta intolerable actuación cuando hasta los profesionales del sadismo se escandalizan de ver como manos inexpertas disfrutan torturando a las criaturas más indefensas, carentes de la edad mínima y del temple necesarios para transformar su innata inclinación lúdica al juego propia de su corta edad en la bravura imprescindible para enfrentarse al martirio ineludible, que supone una muerte segura de la forma más sangrienta y cruel imaginables. Combate injusto y desigual que convierte su infancia en un infierno bélico, que les transforma en inermes becerros soldado con un margen de edad comprendido desde que se pueden mantener en pie hasta los dos años.

En el caso de Algemesí cachorros armados en el mejor de los casos de una cornamenta, que según estipula el reglamento taurino debe ser inofensiva contra la fuerza bruta de una jauría inhumana ilimitada de aprendices de matarife cuyo único objetivo es alcanzar, atormentar y asesinar con nocturnidad, premeditación y alevosía a una presa acorralada débil e impotente como un niño. Inocente infancia maltratada como a la que convierte en espectadores de un comportamiento violento y agresivo con el que se les enseña como se debe tratar a la naturaleza más desvalida y desfavorecida privada de todo tipo de derechos por el hecho de ser mudos o no existir una conciencia social mayoritaria, que los dote de una voz lo suficientemente fuerte. Un grito alto claro y unánime con el que expresen lo hartos que están de no poder disfrutar de una existencia y muerte dignas por el hecho de pertenecer, a causa de la genética, a una especie animal determinada. Raza, que inventada por una mente maquiavélica para justificar lo inaceptable, está condenada desde su nacimiento hasta su edad adulta a la esclavitud de servir de diversión por decisión de una minoría, que no renuncia a su privilegio de decidir sobre cómo deben vivir y morir el resto de seres vivos.

Terrible e irreversible legado, que terminara volviéndose en nuestra contra, dejamos en herencia a nuestros hijos, si nuestra descendencia y sucesores en los puestos de responsabilidad social, administrativa y política asumen con absoluta normalidad, sin el menor atisbo de objeción de conciencia propia o ajena desde su más tierna infancia, que el que ostenta el poder por la fuerza bruta ya ni siquiera por el convencimiento intelectual o a través de un proceso democrático está legitimado a doblegar y someter a su capricho y voluntad a los que considera mas débiles o inferiores. Todos más tarde o más temprano nos encontraremos en una situación de indefensión física, psicológica, emocional o intelectual en la que nos daremos cuenta que en ninguno de los cuatro supuestos esta justificado el dominio de la orgullosa y prepotente fortaleza sobre la frágil y humilde impotencia limitadora de nuestras capacidades y posibilidades.

Por este motivo como todos nos hemos hallado o lo haremos en alguna ocasión en el futuro en una coyuntura en la que somos injustamente tratados no debería costarnos ningún esfuerzo empatizar con los inocentes becerros declarados culpables de ser, según el reglamento taurino, menores de edad para la lidia, víctimas propicias condenadas a ser toreadas sin que entrañe ningún peligro para los valerosos y osados algemesienses. Jóvenes, que son aclamados por sus vecinos cómplices instigadores, como héroes cuando su única hazaña consiste en demostrar la más vil cobardía frente a cachorros que se enfrentan valientemente en lo que para ellos es un juego mortal.

En nuestras manos está acabar con la crueldad vejatoria, a la que son sometidos los animales en las becerradas nocturnas y con el maltrato sufrido por los animales en general en la plaza de toros de Algemesí. No dejemos escapar la oportunidad de poner fin a la brutal y vergonzosa recreación anual de la Matanza de los Santos Inocentes.

jueves, 25 de octubre de 2012

UNA IGLESIA, QUE SE TRAICIONA A SI MISMA


El próximo 1 de noviembre la Iglesia Católica, es decir universal, conmemora a ese nivel el día de Todos los Santos en memoria especialmente de todos aquellos, muchos de ellos mártires, que permanecen en el anonimato o en el desconocimiento por haber sido sepultados en la tierra del olvido por el inexorable paso del tiempo. Muy acertadamente fue elegida precisamente esta fecha del año 1567 por el papa San Pío V para promulgar la Bula “De Salutis Gregis Dominici” contra de las corridas de toros. 

Bóvidos, que continúan siendo martirizados a pesar de la indudable y tajante prohibición expresada en este documento papal en las innumerables plazas construidas y montadas para tal fin extendidas por toda la geografía iberoamericana con la connivencia de la Jerarquía Eclesiástica, que en esta cuestión, que afecta a la moral cristiana, opta como de costumbre por ir de la mano de los sectores más ultraconservadores de la sociedad, aliándose con la derecha más inmovilista apegada a tradiciones, que hunden sus raíces en la noche de los tiempos y sobre las que va siendo hora que arrojemos algo de luz. 

Resulta curioso y asombroso comprobar la capacidad de la Iglesia Católica para revertir situaciones a lo largo de la historia de tal forma, que se ha convertido de movimiento, que en sus inicios fue acosado y maltratado en institución instigadora del hostigamiento y la agresión. En el caso, que nos ocupa el de la tauromaquia, su silencio cómplice, no demos olvidar que quien calla otorga, es uno de los principales responsables entre otros factores de la mortificación, que padecen unos seres sintientes, los toros en la versión cristianizada de los circos romanos, la plazas taurinas. 

Foros, en donde a los que antiguamente les correspondía el doloroso papel protagonista de ser sacrificados, devorados por famélicos y grandes felinos, para regocijo de un público pagano, sediento de sangrienta diversión; se transformaron desde la aparición de la tauromaquia en espectadores con el mismo grado de sádico afán por disfrutar de un morboso entretenimiento, que el del populacho en la Antigua Roma. Placentera distracción, que permite a los aficionados a esta tradición tan cruel y despiadada como su predecesora romana, jugar a sentirse poderosos, dueños del futuro de los seres vivos, cuya muerte presencian, pudiendo en algunas ocasiones salvar las vidas de los que consideran inferiores. 

Es un dramático espectáculo, los festejos taurinos, que documentados en nuestro país desde 1215, suponen un quebrantamiento de cuerpo y alma, que soportan los mártires no humanos, que sin emitir la más leve queja, manifestando una resignación cristiana envidiable, digna de ser tomada como ejemplo, vienen siendo inmolados desde la Edad Media en toda la Europa Occidental menos en las zonas bajo dominio del Islam, que abomina de esta bárbara costumbre. 

Mansedumbre de espíritu, además de fortaleza física y paciencia infinita, que son las tres virtudes, que conforman la nobleza de su carácter y que visiblemente evidencian estos santos bóvidos durante su terrible y mortal martirio, del que única y excepcionalmente se libra aquel ejemplar, que consiga ser indultado. Perdón, que sólo alcanza si demuestra una elevada cota de mantenida y proporcionada rabia, justa ira frente a un tormento irresistible conocida por los supuestos expertos en la materia como bravura, durante todas las fases de la lidia. 

Tortura, en la que el nivel de creciente, continua e insufrible brutalidad genera un debilitante y sangrante padecimiento, que disminuye progresivamente sus fuerzas hasta el fatal desenlace. Circunstancia, que unida al hecho, de que la gracia de volver a la dehesa se conceda por la Presidencia del espectáculo exclusivamente en las plazas de toros permanentes y en corridas de toros o novilladas con picadores, respondiendo a una iniciativa popular y solamente cuando además de su voluntad coincida en este objetivo la suma de dos consentimientos añadidos, el del diestro y el del mayoral o ganadero, convierte el indulto en una práctica taurina prácticamente inexistente. 

Esta realidad transforma la participación de estos animales en las corridas de toros en un juicio, donde la condena a muerte, permitida legalmente y decidida de antemano, es casi segura; puesto que se enfrentan en solitario a una afición que ignora la piedad y la compasión. Jurado predispuesto en su contra, frente al que no gozan de otra defensa posible, que no sea demostrar su inocencia convenciendo al respetable con resistente, resuelta y medida osadía de su derecho a la vida. Argumento mudo e invisible ante unos oídos sordos y unos ojos ciegos ante la indefensión de una víctima sacrificada para satisfacer su injusta sed de venganza contra una bravura provocada para justificar su linchamiento. 

Ante esta hostil y opuesta coyuntura secularmente han depositado su esperanza de que su interminable e histórico holocausto tenga algún día fin, basada en la confianza, en que una organización que posee una de las llaves para abrir la puerta de un futuro prometedor, en el que esta incivilizada costumbre desaparezca, se posicione con valentía y en coherencia con el mensaje evangélico, en contra de usos folclóricos, que además colisionan contra la moral, que propugna la Iglesia Católica. 

Organismo, que en su rama española a lo largo de los siglos y actualmente prosigue perseverando en su rebelde y obstinado empeño de insumisión dentro de una institución de estructurada piramidalmente, donde el principio de autoridad y la obediencia debido al mismo son incuestionable desde sus inicios por mandato divino. 

Entidad, que sin el más mínimo remordimiento de conciencia continúa pecando de pensamiento, palabra, obra y omisión renegando del contenido de un documento papal, la bula “De Salutis Gregis Dominici”, que procede de la más alta instancia dentro de la jerarquía eclesiástica. Texto pontificio, en el que figuran una serie de ordenanzas de inexcusable acatamiento para todos los católicos, sobre los que pesa por incumplimiento de las mismas la pena de expulsión permanente o temporal de la comunidad de los fieles y del uso de los sacramentos. Excomunión que se hará efectiva mediante una carta o edicto expedido por la autoridad eclesiástica competente. Pena recogida en el derecho canónico, que se aplicará a los que promuevan, asistan o participen de cualquier otro modo en exhibiciones taurinas 

Debiendo ser estrictamente riguroso el sometimiento a los preceptos expresados en la bula por parte de los creyentes especialmente llamados a predicar con el ejemplo como son las personas consagradas a cumplir la voluntad divina, particularmente el clero y la jerarquía de la Iglesia. Pero es precisamente este estamento, el eclesiástico, él que estando obligado a responder con un mayor compromiso de fidelidad, el que más impedimentos ha ideado y más obstáculos ha levantado a lo largo de los siglos en los países de cultura iberoamericana y sus zonas de influencia. Lugares, donde tanto el bajo como el alto clero con más resistencia se ha pronunciado, manteniendo una postura pública abiertamente crítica de absoluto rechazo, desobediencia y beligerancia desde su promulgación hasta la actualidad contra los decretos contenidos en la bula. 

Oposición que ha experimentado en el presente un hábil cambio de estrategia para tranquilizar conciencias, consistente en ocultar e incluso negar la existencia del documento en cuestión. Pero algunas fuentes autorizadas consultadas van más allá negando la vigencia de la bula “De Salutis Gregis Dominici”, ya que según ellos fue derogada por el papa Clemente VIII, quien cediendo a las presiones de Felipe II otorgo el Breve Suscepti muneris, que perseguía anular la Bula de Pío V. 

Pero afirmando con tanta rotundidad que los clérigos salmantinos, coetáneos del monarca, consiguieron su propósito faltan a la verdad por desconocimiento o lo que es más grave intencionadamente para justificar su actitud favorable. Apoyo, que se materializa de manera directa participando o indirecta permitiendo sin censurarlo, que continúen asociándose los festejos taurinos a las festividades del calendario cristiano. Circunstancia expresamente prohibida por una bula, contra la que no cabe la posibilidad de revocación, ni total ni parcial, puesto que en su redacción se deja claro, sin lugar a la más mínima duda, que se trata de una constitución, que estará vigente a perpetuidad, gracias a las previsiones tomadas en la misma por el papa Pio V.

CRISIS ECONÓMICA, IGLESIA CATÓLICA Y TAUROMAQUIA

El próximo 1 de noviembre la Iglesia Católica, es decir universal, conmemora a ese nivel el día de Todos los Santos en memoria especialmente de todos aquellos, muchos de ellos mártires, que permanecen en el anonimato o en el desconocimiento por haber sido sepultados en la tierra del olvido por el inexorable paso del tiempo. Muy acertadamente fue elegida precisamente esta fecha del año 1567 por el papa San Pío V para promulgar la Bula “De Salutis Gregis Dominici” contra de las corridas de toros. 

Bóvidos, que continúan siendo martirizados a pesar de la indudable y tajante prohibición expresada en este documento papal en las innumerables plazas construidas y montadas para tal fin extendidas por toda la geografía iberoamericana con la complicidad de la Jerarquía Eclesiástica, que en esta cuestión, que afecta a la moral cristiana, opta como de costumbre por ir de la mano de los sectores más ultraconservadores de la sociedad, aliándose con la derecha más inmovilista apegada a tradiciones, que hunden sus raíces en la noche de los tiempos y sobre las que va siendo hora que arrojemos algo de luz.

Resulta curioso y asombroso comprobar la capacidad de la Iglesia Católica para revertir situaciones a lo largo de la historia de tal forma, que se ha convertido de perseguida en perseguidora. Actitud esta última ejercida directamente a través de instituciones como la Inquisición; o indirectamente promoviendo, apoyando y tomando partido en cruzadas, la más reciente sin ir más lejos de carácter político-religioso durante la Guerra Civil y la posguerra por medio del nacionalcatolicismo.

Sin duda alguna uno de los ejemplos de más actualidad de esa habilidad de la Jerarquía Eclesiástica para posicionarse a lado del poder si las políticas de los gobernantes benefician sus intereses lo encontramos en el escandaloso y clamoroso silencio de sus máximos representantes ante la dramática crisis financiera padecida en nuestro país y sobre todo frente a las soluciones postuladas por un gobierno, que asfixia cada día más a los ciudadanos más desprotegidos. 

Administración central y autonómica, que teniendo la obligación de preservar y fomentar el estado del bienestar particularmente de los más desamparados y vulnerables ante los efectos de la recesión económica, solo planifica y pone en marcha como único remedio para solucionar la problemática soportada por los más castigados por esta desfavorable coyuntura una serie de medidas, que los ahogan hasta tal punto, que desaparecidos por falta de oxígeno, se extermine con ellos la plaga pasando a mejor vida con la bendición de la Santa Madre Iglesia, que vela por el bienestar terrenal y espiritual de todos sus amados hijos.

Una de las postreras ocurrencias de los gestores públicos para salvarnos de la crisis, o al menos sino de la depresión económica si de la anímica, es blindar contra la primera un espectáculo en peligro de extinción, la tauromaquia, como consecuencia del empobrecimiento paulatino de los aficionados de clase media y baja, que paradójicamente a pesar de la inseguridad de su situación, que los mantiene balanceándose como funámbulos sobre la cuerda floja de la precariedad laboral para evitar caer en el vacío del despido, prefieren que las autoridades completamente competentes y totalmente negligentes en la materia en lugar de invertir en garantizarles un presente tranquilizador y un futuro esperanzador, financien a través de partidas presupuestarias o subvenciones provenientes de las arcas públicas unos festejos cada día más impopulares. Una actividad minoritaria basada en el sufrimiento desgarrador de un noble animal no humano.

Dinero que debería invertirse en lugar de generar más sufrimiento en aliviar los padecimiento de la infinidad de familias españolas, que conviven rutinariamente con la dolorosa sensación de impotencia, que produce enfrentarse a la insuficiencia o privación de recursos materiales a la hora de cubrir las necesidades básicas, cuya satisfacción garantiza el nivel más ínfimo de existencia y desarrollo humano, la subsistencia.

Esta trágica realidad está atrapando y arrastrando como una fuerte corriente imparable al borde del suicido y precipitando cada día a más personas desesperadas a precipitarse en un abismo, que supone un viaje sin retorno. Víctimas de un sistema financiero capitalista especulador llevado hasta sus últimas consecuencias de la mano de un régimen neoliberal, que ha transformado la democracia en una dictadura de una mayoría, que votó a una opción de gobierno, que ha traicionado a su propio electorado defendiendo, aprobando y ejecutando unas políticas socioeconómicas, que exclusivamente benefician a una minoría.

Élite de privilegiados entre los que destacan los jerarcas eclesiásticos de la cada día menos católica España, que han pretendido limpiar su falta de implicación, su vergonzoso y deshonroso pecado de omisión de pronunciamiento mediático con una tibia declaración de principios e intenciones. Documento, que evidencia la escandalosa ausencia de una postura clara y contundente de una organización, que se proclama a sí misma como defensora de la familia y que ha renunciado a cumplir con el deber de posicionarse de forma radical, es decir de manera inequívoca, tajante y sin fisuras, del lado de esta institución. Unidad originadora de la estructuración social castigada sin paliativos por una perfecta tormenta financiera, que la ha convertido en una nave a la deriva a merced de la intensidad y la dirección, en que sople la caprichosa voluntad de los mercados y los intereses del sector empresarial, que en nuestro país están custodiados por un poder ejecutivo dispuesto a aceptar cuantas reformas sean impuestas por una patronal, que puede arrojar a la clase obrera sin el más mínimo remordimiento de conciencia al precipicio sin fondo de la exclusión social.

Circunstancia discriminatoria, que empuja al callejón de la marginación, en el que la única vía de salida desesperada hallada, cegados por la pesimista negatividad consiste en cruzar la línea fronteriza, que separa dos mundos; el de la existencia dominada por la continua angustia vital cotidiana; de otra dimensión, en la que impera la perpetua ignorancia insensible y consoladora a la que conduce la muerte. Disyuntiva, que desafortunadamente ha provocado un alarmante incremento del índice de suicidios a nivel nacional hasta el punto de llegar a ser, según la OMS, con una tasa de 7,6 muertes voluntarias por cada 100.000 habitantes el primer motivo de fallecimiento por causa violenta en España.

Pero una vez más como ha venido repitiéndose secularmente la Iglesia Católica Española personificada en sus más altos dirigentes reniega de su vocación originaria y divina de ser la voz de los oprimidos y se decanta por la complicidad con los opresores en la problemática actual. Conflicto social, en que los pecados capitales de la clase política y económicamente dominante como son la soberbia y avaricias prepotentes aplastan la confiada y callada humildad de los que soportan la tiranía, con la que, mientras se enriquecen, persiguen salvar y conservar el estado del bienestar reduciéndolo a condiciones propias de un nivel inferior al de la mera subsistencia.

Pero qué se puede esperar de unos supuestos seguidores de Jesús, el Príncipe de la Paz, que miran para otro lado cuando las autoridades reprimen con ira desatada y violencia desproporcionada las manifestaciones de paciencia desbordada. Legitimo derecho de un pueblo, que como último recurso sale a las calles reclamando la recuperación de espacios de soberanía usurpados por una democracia viciada y contaminada por intereses partidistas, que nos eleva a la categoría de protagonistas cada cuatro años, relegándonos a un irrelevante papel de meros comparsas el periodo de tiempo, que intermedia entre los procesos electorales. 

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto no nos debe extrañar que esta entidad contraria tradicionalmente al progreso humano, ante la presente tesitura de injusticia social, que el pretendido rey de la creación, el hombre, está resistiendo con una cobertura condenada a desaparecer por obra y gracia de los salvadores recortes, sólo ofrezca como respuesta la caritativa, insuficiente y cada vez más escasa beneficencia, que nos retrotrae a convivir con situaciones propias de la posguerra. Época, en la que aún se mantenían estructuras jerarquizadas arrastradas desde el feudalismo, que impedían la aparición y desarrollo de unos servicios y prestaciones sociales, que son unas de las grandes y modernas conquistas de la ciudadanía gracias a progresivos gobiernos democráticos de izquierdas.

Siguiendo con el hilo de lo afirmado hasta este momento resulta absurdo aguardar otro comportamiento de una organización, que se llama a sí misma “Madre” y que debiendo cuidar con fidelidad de sus hijos, especialmente de los más desprotegidos, denunciando públicamente los abusos cometidos contra ellos por las fuerzas políticas y económicas predominantes; cede a sus presiones y guiada por la codicia y ambición de poder institucional mundano o efímero personal vende su maternidad. Carisma de servicio y amparo maternal, del que reniega, abandonando a los hijos del Padre a su suerte desempleados y sin perspectivas de conseguir un empleo estable y digno; desprovistos de unas prestaciones sociales, que respondan adecuadamente a los derechos fundamentales reconocidos constitucionalmente y a los adquiridos regulados por el marco legal vigente y que se marquen como prioridad la atención de las carencias más perentorias de los afectados por esta crítica situación.

Volviendo al tema inicial de la bula papal y como conclusión a todo lo referido hasta ahora, sería descabellado pensar por un sólo instante, que una Iglesia, que frecuentemente peca de incongruente, tratando de un modo tan desconsiderado al que ella misma ha reconocido como rey de la creación, el ser humano, se preocupe de denunciar coherentemente un espectáculo, que atenta contra la dignidad de un animal no humano. Ser sintiente valorado como de segunda categoría con respecto al hombre en los escritos bíblicos. 

Textos en los que se fundamenta el mensaje cristiano transmitido generacionalmente de amor respetuoso y protector con que el hombre debe relacionarse por mandato divino con el resto de criaturas de Dios. Enseñanzas frente a las que ningún creyente debe declararse en rebeldía de pensamiento, palabra, obra u omisión, ni mucho menos los llamados a predicar con el ejemplo como son las personas consagradas a cumplir la voluntad divina, particularmente el clero y la jerarquía eclesiástica. Magisterio secular, que sustenta el documento pontificio “De Salutis Gregis Dominici” de obligado acatamiento para todos los católicos, que actúan en consonancia con la fe, que profesan y que condena una tradición, la tauromaquia opuesta a la moral cristiana y a la doctrina de la Iglesia Católica. 

Articulo hecho por LM para :
DERECHOS Y LIBERTADES CIUDADANOS

lunes, 17 de septiembre de 2012

LAMENTO REIVINDICATIVO POR LA MUERTE DE VOLANTE, ÚLTIMO MÁRTIR DEL TORO DE LA VEGA


Cuando leáis esta nota de pésame indudablemente estaréis tan afligidos como el resto del movimiento animalista internacional, que en todo el mundo consciente de la tragedia acontecida el pasado 11 de septiembre rasgó en esa fatídica fecha sus vestiduras de color verde esperanza en señal de duelo, rabia e indignación por la muerte de Volante, cambiándolas por las de luto riguroso en memoria identificativa con el color de la descuartizada piel de este nuevo mártir 

Víctima ese aciago día de la macabra acción directa de una manada de medio millar de animales inhumaos sedientos de sangre, que se transforman en cazadores por el simple placer de disfrutar a costa del sufrimiento de un ser vivo infinitamente más débil y frágil en comparación con la fortaleza y dureza de una jauría de mezquinas fieras. 

Viles hienas, que atrapan y matan por diversión a estos nuevos mártires de la cristiandad en un espectáculo absolutamente despreciable, que convierte a esta población vallisoletana en un gran circo romano, donde una turba de fervorosos aficionados e incondicionales partidarios de esta sangrienta masacre aplauden y gozan con vehemente e irracional entusiasmo de esta terrorífica persecución. 

Linchamiento rematado con la inevitable ejecución de un animal desamparado legal y socialmente, asustado y acosado por una muchedumbre incontrolada y enfurecida, sin posibilidad de defensa y protección de la acusación de no ser humano. 

Culpabilidad agravada por el hecho de ser toro y bravo, circunstancia esta última todavía por demostrar, por la que termina siendo condenado a muerte por una multitud sádica e inclemente, que le cierras las puertas a cualquier oportunidad de rebasar la línea del indulto. 

Beneficio, que no se le ha permitido recibir a Volante, valeroso vikingo armado solo de casco, reclutado a la fuerza y enviado a una gloriosa y segura muerte, combatiendo contra un enemigo, que le supera numéricamente en una proporción como mínimo de uno a quinientos y dotado además de afiladas lanzas de una longitud de hasta tres metros. 

Valiente soldado, que negándose pacíficamente a violar las fronteras de la Vega, actitud que se interpreta como una declaración de guerra, lo que convierte este terreno en un campo de batalla, fue atacado a traición a la vez por ambos flancos de forma ilegal en terreno neutral. 

La muerte injusta le alcanzó ajusticiado por un verdugo, elegido aleatoriamente por un cruel y forzado destino, y que este año ya tiene nombre y apellidos, de los cuales no deseo acordarme; pues pasa a engrosar una larga lista de sicarios. Asesinos a sueldo, que pretendiendo lograr, como única ganancia, la fama inmortal, ni siquiera ha quedado recuerdo de ellos. 

Sucesión de sanguinarios e inmisericordes sayones, que se inicio como mínimo en 1534, primer año del que se tiene constancia escrita de la existencia de esta infame gesta, que distingue a un matarife como autor principal de una hazaña reprobable, que denigra a toda la colectividad, que la propicia. 

Asesinato promovido y aclamado por un populacho inconsciente de la gravedad de un acto sacrílego sustentado por la complicidad de una congregación de más de 30.000 falsos peregrinos, que supuestamente vienen a participar en la celebración de las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Peña. 

Auténticos turistas llegados anualmente a Tordesillas principalmente desde Castilla y León, pero también de diversos puntos de España fieles a una tradición, en la que se vierte ancestralmente el fluido vital de un toro. 

Oblación ritual, que riega secularmente una vega, que lejos de ser fertilizada por el río rojo de la vida, reniega de esta inmolación, volviéndose cada vez más estéril, negándose a dar fruto. 

Todos los novenos meses del año la madre Tierra escupe la sangre virgen procedente del sacrificio blafesmo de uno de sus vástagos predilectos, el Abel de más nobleza y fortaleza, ofrecido por caínes fratricidas y soberbios, que se creen con el derecho de usurpar la potestad divina de decidir sobre la vida o la muerte de las criaturas, que gozan de su paternal protección. 

Fanáticos seguidores de una tradición, que se ha terminado convirtiendo en una traición a la condición humana y a la voluntad divina, que abomina de estos espectáculos sangrientos asociados a las festividades y solemnidades del calendario religioso. 

Celebraciones, en las que se rinde culto paradójicamente al creador de la vida, generando muerte, profanando lo más sagrado, inmolando un ser sensible, que es un don de la naturaleza y cuya existencia debería ser respetada, valorada, considerada inviolable y defendida en grado máximo precisamente por los devotos creyentes. 

Religiosidad hipócrita, que bendice con su silencio cómplice y con su participación el derramamiento de sangre de una víctima inocente en un holocausto impío repetido generacionalmente de forma anual con la connivencia de todo un pueblo, Tordesillas. 

En esta localidad vallisoletana se ha perseguido, acorralado, torturado y asesinado con premeditación y alevosía a Volante, representante de una especie maldita compuesta por bueyes, vacas y toros, condenada y castigada por la maldición de haber sido elegidos los primeros como bestias de carga, los segundos para explotación ganadera y los últimos, reservados dentro de la heterogénea población bovina, para marginar de ellos a una serie de individuos. 

Especimenes, con unas determinadas características, seleccionados para crear la supuesta raza del toro de lidia, creada artificialmente por los ganaderos apartando, entrenando y condenando a estos bóvidos a ser protagonistas involuntarios pero obligatorios en diferentes espectáculos taurinos, como las corridas o los encierros, en los que son inmolados para diversión del hombre. 

Decisión humana, que contradice el designio divino, que nos recuerda que el mayor sacrificio y por tanto el de aroma más agradable en su presencia es el trato verdaderamente humano con el resto de la creación, la protección especialmente de las criaturas más inermes contra la incomprensible crueldad del hombre y la defensa con auténtica pasión de la dignidad inherente a la condición de ser vivo de todos nuestros semejantes con los que compartimos la misma esencia sensible. 

Realidad perfectamente comprendida por el pueblo judío, que en el proceso de maduración de sus practicas religiosas profesadas ancestralmente alcanzó un nivel evolutivo sin precedentes al prohibir todo tipo de sacrificios rituales reemplazándolos a partir del año 590 por el relato del desarrollo de estos llamados holocaustos, considerando su lectura como sustitutivo aceptable de su ofrecimiento. 

Ojalá algún día al sadismo individual o colectivo no le quedé más remedio, que saciar su sed de sangrienta diversión recurriendo al recuerdo de tan incivilizadas demostraciones de la brutalidad humana visionando las imágenes grabadas en video o revisando la narración de tan infames actuaciones representativas de una época en la que el retorcido o primitivo intelecto humano pretendía camuflar conscientemente o concebía erróneamente la cultura de la destrucción de la vida como una elevada manifestación de creación artística acorde con el progreso social. 

Y de esta forma el activismo animalista pueda abandonar el luto riguroso en memoria de esta última víctima para celebrar uno de sus más elevados hitos históricos consiguiendo la desaparición del criminal torneo del Toro de la Vega, símbolo del máximo nivel de deshumanización alcanzada en la relación del hombre con el resto de seres vivos 

Crónica de una muerte anunciada, como en el caso de Volante, cuya esquela mortuoria está apareciendo en numerosos medios de comunicación. Nota informativa sobre el desenlace previsible de un combate desigual entre un moderno Perseo enfrentado a la furia conjunta y titánica desatada de medio millar de seres infrahumanos. 

Caballistas y peones, que unidos por el objetivo de derrotarle a cualquier precio aplastan la insuficiente y provocada bravura impotente ante una horda de incontrolados bárbaros, que persiguen, orgullosos de la misma, la efímera popularidad del vencedor. Reconocimiento a nivel local inseparable de la vitalicia esclavitud del desprestigio personal y colectivo a nivel mundial. 

Deshonra incompatible con el renombre a perpetuidad que exclusivamente alcanza el astado héroe que pasa a disfrutar libremente por toda la eternidad de los verdes y jugosos prados de la inmortalidad. 

Artículo de Nuestro compañero Luis Miguel López Román publicado en La Opinión: 
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2012/09/17/lamento-muerte-toro/427964.html

domingo, 2 de septiembre de 2012

VOLANTE

Se llama Volante, que significa el que vuela, pero el próximo 11 de septiembre sus sueños dejarán de poder volar libres más allá del cercado, que lo mantendrá privado de liberad hasta esa fatídica fecha, en que condenado a muerte será ejecutado. Pacificas aspiraciones y anhelos de grandeza, que no traspasaban los límites del terreno acotado, en el que se conforma con tener sus necesidades básicas de supervivencia cubiertas el resto de su existencia. 

Volante, Toro de la Vega 2012El no sueña con pasar a la historia, formando parte de la por desgracia todavía macabra e inacabada lista de toros elegidos para demostrar su bravura, dejándose la vida en el empeño contra una jauría inhumana, que ha llegado a alcanzar el escalofriante y desproporcionado número de 20.000 sádicos armados con lanzas de hasta tres metros.

Qué hay de heroico, de noble, en dónde esta la gesta digna de ser mencionada, recordada y anotada en los anales de la historia con letras de oro, en este torneo desigual llamado “el Toro de la Vega”. En todo caso debería escribirse con letras imperecederas, color rojo sangre de toro, para que el glorioso día que desaparezca esta bárbara costumbre, jamás caiga en el olvido. Para que el paso del tiempo no borre el paradójico cenit de cultura destructiva de la existencia vital, que continuamos preservando en una de las épocas de mayor auge tecnológico y desarrollo científico en favor de incrementar la cantidad y calidad de vida. Privilegio exclusivamente reservado a nuestros semejantes

Aprovecho además la oportunidad para pedirle, a los que considero inteligentes habitantes de Tordesillas, que se preocupen de saber la realidad. Y los que no lo son, que prosigan falseándola y engañándose a si mismos, si es esa es su intención. En un verdadero lance, continuador de los torneos medievales y por tanto digno de llamarse así los contrincantes miden sus fuerzas en igualdad de condiciones y los dos aceptan el desafío voluntariamente. Una justa lid se basa en el equilibrio equitativo entre las fuerzas de los oponentes. Por ultimo el caballero victorioso jamás se cobraba la vida del vencido, que era curado y recuperado de sus heridas, jamás rematado. Ni mucho menos el vencedor cercenaba como trofeo parte corporal alguna con la intención de ganar virilidad a costa del derrotado.

Conforme se acerca la hora fijada para su ejecución, los que seguimos defendiendo y creyendo en su inocencia no cejamos de preguntarnos cuándo se celebró el juicio de un ser vivo, que por lo visto ya nació sentenciado por el echo de pertenecer a una especie animal y a un propietario, que tiene el privilegio de decidir sobre cómo debe vivir o morir.

Realmente no hubo juicio ni lo habrá en Tordesillas, porque en este municipio vallisoletano reina desde tiempo inmemorial la sinrazón. Y esta incomparable localidad se empecina un año más en ser mundialmente conocida como un reducto anacrónico donde aún se sacrifican animales vivos en honor a la divinizada e intocable tradición. Diosa suprema, a la cual se rinde culto ancestralmente con el sufrimiento y muerte de criaturas absolutamente desamparadas legal y socialmente, protagonistas en contra de su voluntad de incontables festejos de la España más atávica, que se sumerge periódicamente en la involución histórica. Pasado, que nos ha dejado en herencia un rico patrimonio cultural, del que sólo le interesa conservar el constituido por un compendio de costumbres, que nos desacreditan a nivel internacional. Usos, que se sustentan en un marco ideológico especista, que debería estar completamente superado en la actualidad, que propugna la concepción del resto de seres sensibles no humanos como objetos susceptibles de ser poseídos por el hombre; y sujetos a la satisfacción, mediante la explotación, de las necesidades humanas tanto de supervivencia como de prosperidad como de diversión.

El poder represivo irrefrenable de la tradición la ha transformado en una deidad pagana, que a pesar de haber sido convertida a la fuerza al cristianismo, como no se identifica plena y auténticamente con dicha creencia, sino solamente en apariencia, sigue exigiendo un tributo de crueldad y sangre y cuyo apetito sanguinario insaciable sigue justificando la inmolación de indefensas e involuntarias víctimas en innumerables fiestas patronales y populares en todos los rincones de la geografía cultural hispana. 

La tradición se mantiene todavía hoy en día como una fuerza opresora, utilizada por los partidarios y beneficiarios de la misma para someter cualquier argumento en contra, evidenciando una actitud totalmente antidemocrática propia de una dictadura, y para dominar además bajo su yugo tanto a detractores como a cómplices. Acallados estos últimos o forzados a manifestar su apoyo o indeferencia respecto a una costumbre aceptada por la mayoría o por una minoría, que ostenta el poder político o económico. Obligados en virtud de una ley del silencio no escrita o pacto comunitario tácito, cuya violación acarrea graves consecuencias de marginación o exclusión para quienes se atreven a infringirlos

Indudablemente la sociedad avanza gracias al progreso material, que va calando paulatinamente en cada una de los ámbitos de nuestra existencia convirtiéndose en un océano de bienestar, que se extiende ocupando cada vez mayores parcelas de la actividad humana. Pero la sociedad española en general y la tordesillana en particular, que ha optado racionalmente por disfrutar de los beneficios del desarrollo, que la inteligencia humana ha alcanzado, ha decidido contradictoria e irracionalmente privar de estos mismos derechos a nuestros hermanos en la creación. Compañeros con los que compartíamos y disfrutábamos el equilibrio y la perfecta simbiosis existente entre todo tipo de seres vivos en la naturaleza. Armonía basada en las relaciones de respeto entre todos los beneficiarios de un rico, diverso y aparentemente inagotable patrimonio natural, del que gozaban todos los animales en un plano de igualdad con respecto al hombre, quien rompió esta relación equitativa en la que se fundamentó el desarrollo de las civilizaciones más antiguas. Sociedades muy avanzadas, que se fueron degradando moralmente desde el momento en que se transformaron en esclavistas, pasando a concebir al resto de seres sensibles, subyugados bajo el dominio de las élites, que ostentan el poder, como fuentes de riqueza, rebajándolos del papel de usufructuarios con los mismos derechos a una condición de mera materia prima, mercancía intercambiable o herramienta de trabajo sustentada por la visión cosificante del resto de seres vivientes.

Necedad humana, que perfectamente comprendió en toda su dañina complejidad y vasto alcance en su día San Francisco de Asís, patrón de la ecología, que fue el primero hace ocho cientos años en concienciarse y en intentar mentalizar a sus contemporáneos de la urgente necesidad de volver a la radicalidad del mensaje cristiano de amor y respeto a todas las criaturas de Dios. Así que todos los creyentes coherentes deberíamos criticar la hipocresía de una Iglesia, la española, que parece ser ha renegado o vive de espaldas al mensaje de uno de sus más insignes y universales santos. Valiente personaje, incapaz de pisar una hormiga conscientemente, que de estar presente entre nosotros encabezaría la manifestación destinada a poner fin de una vez por todas a un cruel espectáculo, que deshumaniza a todos los que participan en él y que de no impedirlo continuará consagrando una costumbre, que cuenta con la protección y bendición tanto civil como eclesiástica. Autoridades, que con esta interesada y politizada actitud siguen perpetuando cruentas manifestaciones, que solo son validas para demostrar las cimas de incivilizada e irracional crueldad, que un pueblo falto de valores humanos y ajeno a una educación, que se los inculque, puede llegar a alcanzar.

Platanito toro de la vega. Tordesillas

No nos conformemos con contemplar insensibilizados y frustrados una ocasión más como una victima no culpable de la brutal y salvaje consciencia inhumana sufre las consecuencias de que exista en la España de las cavernas homínidos tan primarios, incapaces de controlar los instintos viscerales más degradantes de la humanidad. Y siguiendo el ejemplo del espíritu de Francisco de Asís, el primer líder activista defensor de la causa animalista como uno de los componentes esenciales del movimiento internacional iniciado y promovido por él, el franciscanismo, seamos activistas comprometidos y audaces capaces de gritar nuestra repulsa contra esta manifestación de violencia ofensiva contra la dignidad animal. Seamos voluntarios empujados por el ardiente deseo de interponer nuestras vidas como señal de protesta entre la ira soberbia y prepotente de una horda de bárbaros sedientos de sangrienta diversión y la solitaria indefensión de una criatura armada de asustada e impotente mansedumbre. Demostrando de ese modo la docilidad de un herbívoro, al que se pretende volver salvaje a base de tortura para justificar que el precio de sangre a pagar por su bravura es morir inmoralmente masacrado. Siendo finalmente inmortalizado en forma de trofeo en una vitrina o encima de la chimenea del más bruto de los cavernícolas.

Ante la intolerable actitud de sordera y ceguera de las autoridades competentes, que se niegan a escuchar y ver el clamor levantado desde todos los rincones del planeta pidiendo la amnistía para el que simboliza el respeto al valor inviolable de la vida, cerrando de este modo la puerta a cualquier vía de apelación, que pudiera conducir a su indulto, el próximo 11 de septiembre actuemos. 

¡No permitamos que se convierta en un nuevo mártir! ¡Ya ha habido demasiados!