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lunes, 4 de febrero de 2013

UN OASIS UTÓPICO EN SAN PÍO X

Durante la Edad Media, al igual que la zona de Barriomar, el solar de San Pio X se constituyó como lugar de pequeños y aislados asentamientos huertanos, hasta el extremo que no fue hasta el siglo XVIII, con la consolidación del camino a Cartagena por orden de Carlos III, cuando el tráfico de mercancías y la necesidad de almacenaje de las mismas empezó a promover la creación de almacenes de abastos. Y fue ya en el siglo XX con la mecanización de los transportes cuando el lugar de San Pio X fue viendo consolidar un modesto polígono industrial y zona de residencia. 

San Pío X es uno de esos barrios que acusan cierta desidia por parte de la Administración Local. Un ejemplo de dejadez es la proliferación de solares llenos de escombros, maleza y basura. El vocal de IU-Verdes en la citada Junta, John David Babyack, ha recordado que su organización ya alertó de esta situación y pidió la limpieza de los solares en varios plenos de la Junta Municipal, incluida una moción que fue rechazada por el PP. Babyack ha advertido de que estos solares incumplen las ordenanzas de Limpieza Viaria y Edificación, y dan «una imagen de abandono y suciedad» que ha sido denunciada por los vecinos, ante lo que la Junta «hace caso omiso». En concreto, hay dos solares cuyas vallas están rotas y en el suelo y dentro se acumula basura, mientras que otro, cercano a las vías del tren, está cubierto de matorral y la maleza invade ya la acera.

El paseante que atraviesa sus calles, se encuentra a su paso con bloques de viviendas de protección social, todas las torres iguales, con sus reconocibles toldos verdes y sus balcones con las cuerdas de tender la ropa. Se capta una sensación de uniformidad, cierta apatía y resignación asociadas a un usuario perteneciente a un estracto social con bajos ingresos, que vive el día a día sin grandes expectativas. La vida comunitaria gira en torno al Centro Municipal, gestionado por el Excmo. Ayuntamiento de Murcia, que oferta una serie de cursos y actividades de ocio, sede de la Junta Vecinal, además de ser un lugar de encuentro para las personas de la tercera edad. Llama la atención que, entre la oferta de dicho centro, no se cubra una necesidad básica hoy en día: el asesoramiento y orientación para el empleo.

Suele suceder que, como reacción a los tiempos que corren, la propia comunidad busque alternativas a la inercia y desmoralización que ha calado en los hogares del barrio: la descreencia en las instituciones, en el sistema de partidos políticos, la corrupción, corruptelas y demás juegos de poder de unos pocos,  la falta de expectativas laborales y la insolidaridad generalizada. El panorama no puede ser más desolador. Sin embargo, comienza proliferar una fórmula que nació en el seno de los movimientos sociales, como el 15M, y consiste en la autogestión de centros sociales o culturales, cafeterías que ofertan una alternativa cultural que no tiene cabida en los circuitos tradicionales y que son un punto de encuentro de jóvenes noveles, que de otra manera no sería posible acceder al gran público. Utopías adaptadas a la realidad de estos tiempos tan difíciles. Un ejemplo es el centro social autogestionado (CSA) "La higuera", ubicado en el camino de la Fuensanta, nº 159. Se trata de una nave industrial restaurada por un grupo de emprendedores, con una organización asamblearia y que se gestiona con fondos propios. Nació con el espíritu de servir al barrio y abierto a todo el mundo, donde realizar actividades de todo tipo. A diferencia del centro social "La fábrica de hielo", originaria del movimiento "okupa", "La higuera" cuenta con un acuerdo entre los gestores del centro y el propietario de la nave, mediante el cual se procederá al pago de un alquiler mensual.

La reacción del vecindario ante la presencia de nuevos inquilinos en la nave es de relativa desconfianza. Muchos vecinos de los alrededores de las Casas de RENFE todavía recuerdan a los anteriores ocupantes, un grupo perteneciente a la Iglesia Evangélica de Pentecostés Luz de Dios. El conflicto se inició por el exceso de ruido procedente de las ceremonias que llevaban a cabo el grupo evangelista. Música a través de altavoces, órganos, tambores ... «es un problema que padecemos desde hace unos cinco años los más de cien vecinos que tenemos nuestras casas cerca de esa nave y es que hay noches en las que el ruido lo soportamos hasta las tres o las cuatro de la madrugada», asegura Patrocinio García, presidente de la comunidad de vecinos de las Casas de la RENFE, al diario La Opinión de Murcia.

Los comienzos de "La higuera", como centro social autogestionado, se enfrenta a muchos desafíos, pero el mayor de todos se centra en la integración con el vecindario y la habilidad de sus gestores para reconocer las auténticas necesidades de sus habitantes. La cuestión no está tanto en ofrecer actividades de todo tipo, sino en generar un proyecto social que cale en el imaginario emocional de los vecinos, más allá de la utopía sobre el papel, la pancarta y proclamas repetitivas como mantras. Ganarse la confianza de todos los habitantes de San Pío X es crucial. Un primer paso sería dar formato a iniciativas sociales y populares que resuelvan los problemas reales de cada vecino. Al menos, se espera, sino soluciones mágicas, sí actuaciones que alivien el duro día a día de las personas más desfavorecidas por diversas causas. Llegar allí donde la Administración Local no llega. Fórmulas como el "banco del tiempo", la asistencia a mayores, clases de apoyo a jóvenes escolarizados, la lucha contra la analfabetización, grupos organizados de desempleados para el autoempleo, la educación en valores ciudadanos como remedio contra la xenofobia y la integración del flujo de inmigración, etc., podría engrosar la lista de acciones beneficionas que conllevaría la instauración de ese sentimiento de pertenencia a una comunidad, donde todos ayudan a todos, y nadie es más que nadie; al fin y al cabo, crear una pequeña Arcadia a escala real:  la vuelta a la esencia de esa humanidad en estos tiempos tan deshumanizados.

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